Estás peleando la batalla equivocada… y lo sabés.
Decís que querés cambiar, pero cada día elegís lo cómodo. Y esa elección silenciosa es lo que te está frenando.
Decime algo: ¿cuántas veces te prometiste arrancar “cuando mejore todo”?
Spoiler: nunca mejora si vos no mejorás primero.
Mirá, te entiendo. Cambiar duele. Cuesta. Te expone. Pero también sé algo que quizá te cueste aceptar: tu incomodidad es el único lugar donde realmente avanzás. Las veces que más creciste en tu vida fueron en esos momentos que preferías evitar. Lo sabés. Yo también.
La razón por la que no estás logrando lo que querés es simple:
confundís paz con comodidad.
La comodidad es una trampa. Te calma hoy. Te cobra caro mañana.
Hay un enfoque que sí funciona:
usar la incomodidad como señal, no como obstáculo.
Te muestra dónde tenés que entrar, qué tenés que aprender, qué parte de vos necesita un sacudón. No necesitás un plan de 20 pasos. Solo una habilidad: actuar cuando tu cabeza te dice que esperes.
Y hoy importa.
Porque si mirás tus últimos cinco años, ya sabés cómo serán los próximos…